PASTORAL: “EL MENSAJE Y EL MENSAJERO”

D. Enrique Gervilla Castillo, sacerdote, patrono de la institución y actual Director General de Pastoral nos comparte la siguiente reflexión:

Desde hace años los medios de comunicación se ocupan y con cierta frecuencia, de los abusos sexuales de la Iglesia, en los que se encuentran implicados religiosos, sacerdotes, obispos y hasta alguno de los cardenales. Este escándalo implica para algunos cristianos el abandono de sus creencias religiosas. Situación lógica para aquellos que, por su escasa formación religiosa, no distinguen entre el mensaje y el mensajero, esto es, entre la persona que porta o trasmite un mensaje y su contenido.

Es cierto que, en el campo educativo, el qué y el quién se encuentran íntimamente unidos. Un buen o mal profesor de matemáticas, o de cualquier materia, puede suscitar en sus alumnos el amor y la vocación, o bien el rechazo y el odio, hacia la misma, pero nadie lógicamente podrá afirmar que las matemáticas son malas porque el profesor es malo. El valor en sí es de cualquier materia académica, es independiente del profesor que la imparta. Tal separación es necesario también realizar entre el contenido de la fe cristiana y aquellos que tienen la misión de trasmitirla. 

La Iglesia, nos dice el Concilio Vaticano II, es divina y humana, divina y santa en cuanto a su mensaje, y humana y pecadora en cuanto a sus mensajeros. S. Pablo nos recuerda que llevamos un gran tesoro, pero en “vasos de barro” (2 Cort. 4, 7). La Iglesia es un medio para llegar a Dios, nunca un fin, que es la persona de Jesucristo.

Los escándalos de los mensajeros afectan a la credibilidad de la Institución, pero nunca a la veracidad del Evangelio. Dios, Jesucristo, su Palabra, los sacramentos, etc… conservan íntegramente su valor al margen de los escándalos de las personas que predican un mensaje y en su vida hacen lo contrario. A éstas hay que acusarlas de hipócritas, mentirosas, vividoras y dañinas al mensaje que predican. Deterioran la Institución y ocasionan el abandono de la fe de aquellas personas, que bien por su escasa formación religiosa o por sus creencias infantiles, no saben separar el mensaje del mensajero.

El Papa Francisco hoy, con sus denuncias proféticas, al igual que el P. Manjón en su tiempo, han sido dos importantes mensajeros muy críticos con los abusos e injusticias del momento, más aún si tales injusticias procedían de los poderosos, porque criticar es separar la conducta valiosa de lo que no lo es, venga de donde venga.

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